sábado, 1 de abril de 2017

Fragmentos: “Petróleo y Dependencia". Ediciones Síntesis Dos Mil. Caracas, 1971, por Juan Pablo Pérez Alfonso.


Juan Pablo Pérez Alfonso
"La hegemonía del petróleo mantiene una amenaza constante para la seguridad de los venezolanos, creando un clima nada propicio para el progreso y el bienestar colectivo.

...La importancia del petróleo depende del precio pagado por consumidores que se encuentran fuera del territorio nacional. La excesiva proporción que ocupa en el conjunto de cuanto producimos obliga a que en gran parte tenga que enviarse a otros países y lo que hace verdaderamente grave nuestro elevado coeficiente de exportación es que el 92,8 por ciento es de petróleo. La monoproducción nacional es tan marcada que se vuelca hacia afuera en los peligrosos niveles señalados."

"(...) La hegemonía del petróleo, determinante de las grandes exportaciones que extreman nuestra dependencia del comercio exterior, crea una situación de peligro, independientemente de las entidades o empresas que pudieran administrar este recurso nacional. Aun cuando fueran empresas venezolanas a el propia Estado quienes manejara la industria petrolera, el peligro señalado subsistiría porque se debe a la exagerada significación del petróleo en su relación a la economía general del país..."

"La cuestión de conocer como fue llegando el país a los extremos de dependencia  que nos encontramos llevaría a repetir el proceso histórico de las dictaduras y otras usurpaciones de la soberanía nacional en los últimos tiempos. Constituyen hechos indiscutibles las alianzas de los opresores con las fuerzas de los consorcios multinacionales interesados exclusivamente en explotar con facilidad los recursos de los pueblos sometidos a la dominación personal de los usurpadores. La industria petrolera se desarrolló en Venezuela durante los largos años de la dictadura de Gómez y, muerto éste en 1935, no pudieron ocurrir cambios de significación, pues le sucedió su ministro de defensa López Contreras. A su vez, López entrego el poder a su propio ministro de defensa, Medina. La penetración imperialista atraída por el petróleo deformó la economía venezolana con Gómez, y como era de esperarse, sus directores sucesores no contaban con la autoridad necesaria para hacer frente a las fuerzas de la dominación extranjera. Fue en 1945 cuando el pueblo venezolano pudo recuperar su Soberanía y darse un gobierno de elección popular que tomó las primeras medidas correctoras: no más concesiones, participación razonable y empresa nacional. Desafortunadamente el gobierno democrático fue derrocado en 1948, y la nueva dictadura hizo nugatorias las medidas de defensa iniciadas. En los diez años de la última dictadura la deformación y vulnerabilidad de la economía nacional se agravaron, mientras los consorcios multinacionales extendieron su dominación. Encontraron, además, un aliado en el fortalecido capitalismo criollo, desarrollado parasitariamente a la sombra del petróleo y de la dominación extranjera.

Derrocado Pérez Jiménez en 1958, los nuevos gobiernos democráticos se encontraron frente a las fuerzas económicas externas e internas que tratan de continuar explotando la situación y no han logrado hacer una defensa efectiva de los derechos del pueblo venezolano. El engreído capitalismo criollo, apéndice de los consorcios petroleros, sirve de avanzada al imperialismo para mantener la situación que facilita la expoliación de los principales recursos económicos de los venezolanos. Las dificultades para defenderse de las poderosas fuerzas extranjeras lleva a la entrega y sumisión. Se prefiere no pensar en el porvenir antes que asumir la responsabilidad de hacer algo que pueda disgustar al poderoso. Con el capitalismo criollo giran otras élites privilegiadas, alegremente embriagadas por los beneficios obtenidos: pretenden ignorar la realidad y se abstienen de considerar el futuro. Consciente o inconscientemente esperan que los problemas se resuelvan más adelante, dejando para quienes vengan atrás las responsabilidades de las decisiones que alguna vez habrán de tomarse. Entre tanto, los más afortunados envían fuera del país parte de los beneficios que obtienen, en previsión de lo que pueda suceder. Alcanzan a miles de millones de dólares, acumulados por venezolanos, depositados o invertidos en el exterior.”

JuanPablo Pérez Alfonso: “Petróleo y Dependencia". Ediciones Síntesis Dos Mil. Caracas, 1971 

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