domingo, 2 de abril de 2017

“EL APÓLOGO DEL PETRÓLEO” Por, Arturo Uslar Pietri, El Nacional. Marzo 1982

Arturo Uslar Prieti 

La reciente historia de los países exportadores de petróleo tiene cierta curiosa semejanza con alguno de aquellos apólogos orientales que circularon por Europa en la Edad Media y que pintan, de manera ejemplar, como el hombre pobre y sin juicio que encuentra un tesoro, termina por perderlo y quedar más pobre que antes. 

En efecto, los países exportadores de petróleo, principalmente agrupados en la O.P.E.P., tenían en común  rasgos muy acentuados de pobreza y atraso. La explotación del petróleo les permitió, en los últimos veinte o treinta años, aliviar esa situación y alcanzar un cierto desahogo. Súbitamente, desde 1974, los precios del petróleo se dispararon en un aumento espectacular que llego a ser cerca de 20 veces el anterior. Esa inesperada abundancia de dinero no sólo desajusto las economías tradicionales de aquellos países, sino que creo posibilidades de gasto desmesuradas para las cuales no estaban preparados. Creció asombrosamente el gasto público, se hizo general el dispendio, se gastó a manos llenas en cosas útiles, menos útiles, superfluas y hasta dañinas. Se borro peligrosamente la noción de lo posible y lo conveniente. Todo parecía posible corno si la sola inyección de dinero pudiera suplir todos los otros factores de la producción y del crecimiento económico. Todo se improvisó, se importó y se compró, desde los aviones de lujo hasta las plantas industriales más avanzadas. Se trajeron maquinarias, materiales, técnicos, administradores, en un aparatoso impulso hacia la apariencia del desarrollo. No sólo se gasto sin tasa, hasta el límite de lo que el petróleo valorizado producía en los mercados internacionales, sino aún más allá. Se dio el caso de que encima de estos ingresos gigantescos se incurriera en enormes deudas para aumentar, aparentemente sin límites, la capacidad de gastar.

No hubo, en la mayoría de los casos, y no podía haberlo, un crecimiento paralelo de la capacidad productiva. La mayoría de las apresuradas inversiones no podía ser rentable, porque no correspondía a un desarrollo orgánico y sano de la capacidad social y económica de producir. Se trataba más de una costosa apariencia que de una realidad solida y estable. El dinero petrolero permitía compensar y subsidiar los déficits y las pérdidas. Parecía pensarse que esa abundancia de medios monetarios no tendría nunca mengua, sino que, por el contrario, continuaría creciendo sin término hacia un largo futuro indefinido.

Frente a esta imprevisión y ligereza de los países petroleros los países industriales comenzaron a adoptar medidas defensivas. Hicieron toda clase de esfuerzos para disminuir su consumo de energía, por una parte, y por otra dedicaron esfuerzos, sabiduría y recursos para desarrollar fuentes alternativas, las tradicionales, como el carbón y el agua, y las nuevas, como la energía nuclear. El resultado ha sido que en cortos años el consumo de petróleo de los países industriales ha disminuido sensiblemente, que han establecido una eficaz disciplina de ahorro y substitución y han podido acumular vastas reservas de petróleo para encarar cualquier emergencia. 

No dieron ejemplo de igual disciplina y previsión los países exportadores de petróleo. Con el halago de los altos precios se dedicaron a producir más, con muy poca consideración de las perspectivas del mercado. Ni ajustaron la producción a los niveles necesarios para mantener los precios ni, lo que es peor, pudieron poner orden y sensatez en sus gastos. Continuaron gastando al límite de la comercialización del petróleo e invirtiendo la mayor parte de ese dinero en gastos injustificados, no reproductivos y muchas veces estériles, en formas diversas, abiertas o camufladas, de subsidio al consumo. 

Algunos, más favorecidos por el monto de sus reservas petroleras y su capacidad de extracción, no han podido siquiera gastar la totalidad de la renta petrolera y se han visto, casi, obligados a hacer inmensas inversiones en los grandes países industriales, que les permiten enfrentar el futuro inmediato sin temor ni apremio.

La mayoría de los demás no lo ha hecho así. Se encuentran hoy con una disminución considerable de los ingresos petroleros y con un mercado internacional desorganizado en el que los grandes consorcios compradores hacen la ley. Han bajado los precios y da la impresión de que no van a recuperar en un futuro próximo sus altos niveles anteriores. 

La situación de los países que han vivido toda esta bonanza, literalmente pensionados por la exportación petrolera, se hace difícil. Sera necesario emprender el áspero camino de reducir gastos y suspender programas, con todas sus repercusiones sociales y políticas.

Como en los apólogos orientales estamos en presencia de los resultados de dos actitudes diametralmente opuestas. La que adoptaron defensivamente los países industriales, de previsión, disciplina social y económica y planificación del futuro y de la mayoría de los exportadores de petróleo, de imprevisión, despilfarro, y ausencia de planes realistas y hacederos de desarrollo.

El resultado está hoy a la vista. La lección un poco tardía de la suerte que guarda a los pródigos e improvidentes, frente a lo que logran los prudentes y previsivos. 

Ojala la lección no llegue muy tarde, como desgraciadamente solía llegar la enseñanza tan olvidada de los apólogos. 

El Nacional. Marzo 1982

sábado, 1 de abril de 2017

Fragmentos: “Petróleo y Dependencia". Ediciones Síntesis Dos Mil. Caracas, 1971, por Juan Pablo Pérez Alfonso.


Juan Pablo Pérez Alfonso
"La hegemonía del petróleo mantiene una amenaza constante para la seguridad de los venezolanos, creando un clima nada propicio para el progreso y el bienestar colectivo.

...La importancia del petróleo depende del precio pagado por consumidores que se encuentran fuera del territorio nacional. La excesiva proporción que ocupa en el conjunto de cuanto producimos obliga a que en gran parte tenga que enviarse a otros países y lo que hace verdaderamente grave nuestro elevado coeficiente de exportación es que el 92,8 por ciento es de petróleo. La monoproducción nacional es tan marcada que se vuelca hacia afuera en los peligrosos niveles señalados."

"(...) La hegemonía del petróleo, determinante de las grandes exportaciones que extreman nuestra dependencia del comercio exterior, crea una situación de peligro, independientemente de las entidades o empresas que pudieran administrar este recurso nacional. Aun cuando fueran empresas venezolanas a el propia Estado quienes manejara la industria petrolera, el peligro señalado subsistiría porque se debe a la exagerada significación del petróleo en su relación a la economía general del país..."

"La cuestión de conocer como fue llegando el país a los extremos de dependencia  que nos encontramos llevaría a repetir el proceso histórico de las dictaduras y otras usurpaciones de la soberanía nacional en los últimos tiempos. Constituyen hechos indiscutibles las alianzas de los opresores con las fuerzas de los consorcios multinacionales interesados exclusivamente en explotar con facilidad los recursos de los pueblos sometidos a la dominación personal de los usurpadores. La industria petrolera se desarrolló en Venezuela durante los largos años de la dictadura de Gómez y, muerto éste en 1935, no pudieron ocurrir cambios de significación, pues le sucedió su ministro de defensa López Contreras. A su vez, López entrego el poder a su propio ministro de defensa, Medina. La penetración imperialista atraída por el petróleo deformó la economía venezolana con Gómez, y como era de esperarse, sus directores sucesores no contaban con la autoridad necesaria para hacer frente a las fuerzas de la dominación extranjera. Fue en 1945 cuando el pueblo venezolano pudo recuperar su Soberanía y darse un gobierno de elección popular que tomó las primeras medidas correctoras: no más concesiones, participación razonable y empresa nacional. Desafortunadamente el gobierno democrático fue derrocado en 1948, y la nueva dictadura hizo nugatorias las medidas de defensa iniciadas. En los diez años de la última dictadura la deformación y vulnerabilidad de la economía nacional se agravaron, mientras los consorcios multinacionales extendieron su dominación. Encontraron, además, un aliado en el fortalecido capitalismo criollo, desarrollado parasitariamente a la sombra del petróleo y de la dominación extranjera.

Derrocado Pérez Jiménez en 1958, los nuevos gobiernos democráticos se encontraron frente a las fuerzas económicas externas e internas que tratan de continuar explotando la situación y no han logrado hacer una defensa efectiva de los derechos del pueblo venezolano. El engreído capitalismo criollo, apéndice de los consorcios petroleros, sirve de avanzada al imperialismo para mantener la situación que facilita la expoliación de los principales recursos económicos de los venezolanos. Las dificultades para defenderse de las poderosas fuerzas extranjeras lleva a la entrega y sumisión. Se prefiere no pensar en el porvenir antes que asumir la responsabilidad de hacer algo que pueda disgustar al poderoso. Con el capitalismo criollo giran otras élites privilegiadas, alegremente embriagadas por los beneficios obtenidos: pretenden ignorar la realidad y se abstienen de considerar el futuro. Consciente o inconscientemente esperan que los problemas se resuelvan más adelante, dejando para quienes vengan atrás las responsabilidades de las decisiones que alguna vez habrán de tomarse. Entre tanto, los más afortunados envían fuera del país parte de los beneficios que obtienen, en previsión de lo que pueda suceder. Alcanzan a miles de millones de dólares, acumulados por venezolanos, depositados o invertidos en el exterior.”

JuanPablo Pérez Alfonso: “Petróleo y Dependencia". Ediciones Síntesis Dos Mil. Caracas, 1971